miércoles, 27 de febrero de 2013

Asociación Valenciana para la Protección del Patrimonio de la Guerra Civil (APROPAT)

El 99 % del patrimonio de la Guerra Civil carece de protección 27-02-2013 / 12:20 h EFE El 99 % del patrimonio de la Guerra Civil en la Comunitat Valenciana carece de protección, según la Asociación Valenciana para la Protección del Patrimonio de la Guerra Civil (APROPAT), que ha mostrado su "gran preocupación" por el "absoluto abandono" de estos restos en la mayoría de municipios. Así lo ha denunciado la asociación en un comunicado, en el que ha informado de que junto a otras entidades de diferentes municipios ha declarado el año 2013 "Año para la Protección del Patrimonio Histórico y Cultural de la Guerra Civil". Han denunciado que "cientos de kilómetros de trincheras y parapetos, repletos de búnkers, nidos de ametralladoras, chozas y abrigos, así como aeródromos militares o refugios antiaéreos, entre otros, se encuentran ocultos por la maleza". Según ha explicado, estos restos tienen "un grado de deterioro que se acrecienta con el paso del tiempo" y han advertido que están "expuestos a ser demolidos por cualquier motivo dado que no se les atribuye el valor histórico que ostentan". Para evitar su desaparición, "es necesario que las corporaciones locales incluyan en sus catálogos de patrimonio las construcciones civiles y militares de la Guerra Civil que se conservan en sus municipios, así como que la Generalitat promocione y ofrezca la cobertura necesaria para que este tipo de iniciativas se extiendan y consoliden". "La protección de los restos de la Guerra Civil precisa de políticas de conservación, recuperación y puesta en valor del patrimonio histórico que consoliden las iniciativas que, desde diversas asociaciones, se lleva realizando desde hace años", propone APROPAT. Para la entidad, "la adecuada conservación y puesta en valor del patrimonio histórico de la Guerra Civil amplía la oferta cultural e incrementa el atractivo turístico de las localidades en las que se realiza y promociona adecuadamente". Para ello, con motivo de la declaración del año 2013 como «Año para la Protección del Patrimonio Histórico y Cultural de la Guerra Civil», APROPAT pondrá a disposición de los ayuntamientos interesados inventarios con los bienes inmuebles de la Guerra Civil que se conservan en sus términos municipales. Igualmente ofrecerán asesoramiento para que estos bienes "puedan ser declarados patrimonio histórico mediante las diferentes fórmulas que contempla la Ley de Patrimonio Valenciano". Enlace: http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1362557

domingo, 17 de febrero de 2013

EL AERÓDROMO DE EL TORO

Fuente: SHYCEA ESTRACTO DE UN ARTÍCULO APARECIDO EN EL ÚLTIMO NÚMERO DE LA REVISTA "ÍCARO" DE LA ASOCIACIÓN DE AVIADORES DE LA REPÚBLICA. Durante años, cuando iba desde mi pueblo, Manzanera, en dirección a Valencia, pasé por delante –casi rozando- de los restos de un edificio de la Guerra Civil, situados cerca del pueblo de El Toro, en la provincia de Castellón. Lo cierto es que no supe hasta años más tarde, que aquellos restos correspondían a uno de los aeródromos más importantes con que contó la República durante la Batalla de Teruel. Si importancia tuvieron en nuestra guerra civil los aviones, los pilotos y el resto del personal perteneciente a la aviación, no debemos olvidar algo fundamental sin lo cual, todo el esfuerzo bélico hubiese sido imposible de realizar: los aeródromos; y esta es la historia de uno de ellos. No es tan famoso como otros que desempeñaron papeles cruciales al final de la guerra, pero si fue famoso en su día porque desde él partieron los aviones que ayudaron a lograr la victoria sobre Teruel. El Toro es una población castellonense situada en la comarca del Alto Palancia, justo en el límite de provincia entre Castellón y Teruel. La situación estratégica de esta población, justo en el paso obligado desde la costa hacia el interior, le concedía una localización óptima, para emplazar un aeródromo. Con estas premisas, y según tengo entendido, comenzó a construirse a principios de 1.937, para estar disponible poco después. La cercanía al frente, anclado durante meses en Teruel y sus aledaños, hizo necesaria la creación de aeródromos adelantados, caso de Sarrión, Rubielos, Barracas y el mismo de El Toro. En la construcción del campo de El Toro, participaron prácticamente todos los vecinos de la población. Y a parte de colaborar en su construcción, realizaron otras tareas como la vigilancia del campo…imagínense la situación: en estos pueblos apenas se había visto nunca un coche…y de repente se llenó la zona de aviones… Según un informe emitido, ya terminada la Guerra, por el Servicio de Información del Estado Mayor del Aire, elaborado para sopesar si debía continuar como aeródromo ó debían devolverse las tierras a sus antiguos propietarios, el Aeródromo de El Toro, estaba situado a 40º 00´ 55¨ de latitud N y a 02º 54´50¨ de longitud E., exactamente en el cruce de las pistas que partiendo de de El Toro se dirigen a Manzanera, ya en la provincia de Teruel. Contaba con un suelo algo blando, llano y encharcable en el centro. Estaba formado por dos pistas que se cruzaban en forma de “X”, siendo sus longitudes de 1.280 metros y 1.350 metros, respectivamente y con una anchura en ambas de 200 metros, lo que le hacía perfectamente utilizable para aviones tipo bombardero. Estas pistas, se enmascaraban perfectamente al estar sobre terrenos de cultivo, los cuales, antes del apisonado necesario, habían sido roturados para dar el aspecto de que todavía se cultivaban, camuflaje este que daba un resultado óptimo, pues los aviones enemigos solían hacer reconocimientos fotográficos desde muy altas cotas. El campo tenía su propia línea de comunicación telefónica que lo unía con el pueblo, así como con el cercano aeródromo de Barracas, y con el Cuartel General del Ejército de Levante, a cuyo mando estaba el Coronel Hernández Sarabia, situado también en Barracas durante las operaciones de Teruel. Existía un edificio destinado a albergar a los pilotos, que hacía las veces de puesto de mando, situado justo en la cabecera de la pista principal. A un lado del edificio, había un refugio subterráneo con dos bocas de entrada, de las que partían sendas escaleras que comunicaban un alargado pasillo situado a varios metros por debajo del suelo. También contaba el campo con otro refugio, situado en la senda que desde el Toro parte hacia Alcotas, a unos 1.000 metros de las pistas, con la misma concepción que el anterior pero con la salvedad de que el pasillo subterráneo es más ancho y justo en el centro del mismo se abre una pequeña estancia (señalado en el informe citado como “polvorín subterráneo”). Aparte de estas construcciones, el campo contaba con algunas más, caso de una caseta anexa a la casa -en la que al parecer se cocinaba-, posiciones para piezas antiaéreas, algunas casetas en el perímetro del campo -a modo de garitas para los soldados-, un pozo con noria para abastecimiento de la casa del campo -situado junto al camino de Manzanera frente al edificio principal, con dos balsas de agua-. De todas estas construcciones, el edificio, los refugios, el pozo y la noria, todavía tienen un estado de conservación bastante aceptable. El aeródromo, una vez terminado, se encuadró en el 4º Sector de la 4ª Región Aérea, junto con los de Rubielos de Mora, El Pobo, Aguilar de Alfambra y Sarrión, siendo este último el de cabecera del Sector. Justo dos días antes del inicio de la ofensiva sobre Teruel, el 13 de Diciembre de 1937, comenzó a llegar la unidad que iba a ocupar el campo, la 3ª Escuadrilla del Grupo 26 de Caza, que contaba con aparatos del modelo Polikarpov I-15 Chato comandada por el Teniente Juan Comas Borrás. Las escuadrillas 1ª y 2ª del mismo Grupo, pasaron al cercano aeródromo de Barracas (distante solo en 5 kilómetros por carretera). Las tres escuadrillas fueron empleadas, a partir del día 15 de Diciembre, en la escolta de Natachas y otros bombarderos, así como a ametrallamiento tropas y convoyes enemigos. Se estima que entre pilotos, mecánicos y demás personal del campo, éste llego a contar con un centenar de personas, que hacían la vida en El Toro, Barracas, e incluso Viver. Los pilotos, cuando no estaban de servicio en el edificio del campo, pasaban el día en el pueblo de El Toro, dónde solían comer en la tienda-bar, regentada por Esperanza y Vicente Garcia «El Calero », situada esta en la Plaza del Jariz, verdadero centro neurálgico de la población. Pilotos míticos de la talla de Juan Olmos, Nieto Sandoval, Campoamor, Sanromá, De Albert, Leopoldo Morquillas, Sánchez López, Juan Comas, Miguel Zambudio, Montagut y muchos otros, deambularon por las calles y plazas del pueblo. Estos pilotos bajaban a descansar a Viver, concretamente a una finca llamada “Aguas Blancas” distante 19 km. del campo y a 300 m al Norte del pueblo de Viver, donde coincidían con sus homólogos del vecino aeródromo de Barracas. Los alojamientos de la tropa y mecánicos se realizaban en el mismo pueblo usándose la Iglesia como almacén y comedores, aunque al igual que los pilotos, también éstos bajaban a Viver, donde coincidían con sus compañeros de Barracas en una casa llamada “La Torreta” en la que se realizaron las obras correspondientes de saneamiento y servicios para darle una capacidad de 80 plazas, edificio este que también sirvió como puesto de radio-escucha y vigilancia aérea del Sector. La 3ª, permaneció en El Toro, hasta el 4 de enero de 1938, fecha en la que se trasladó a Manises. Aunque fue un abandono momentáneo, puesto que regresó a El Toro el día 18 de Enero, volviendo a dejar el campo el 4 de febrero, fecha en la que El Alto Mando dio por terminados los combates entorno a Teruel. Con el inicio sorpresivo de la ofensiva nacionalista de Alfambra, vuelven los cazas a operar en El Toro, y de nuevo lo hizo la 3ª Escuadrilla, donde permanecieron hasta los primeros días de marzo en los que marcharon a combatir en la Batalla de Aragón. La última estancia de aparatos en el aeródromo se produce entre el 12 y el 28 de mayo, siendo esta vez la 2ª y 4ª Escuadrillas las que lo ocuparon para apoyar las acciones bélicas encaminadas a frenar la Batalla de Levante. El 28, desalojaron definitivamente el campo para desplazarse a la zona de Cataluña. Con posterioridad, fue ocupado esporádicamente, hasta que el sector cayó en manos del Cuerpo de Ejército del Turia, a mediados de Julio de 1938. Y tras esta fecha, también fue utilizado en alguna ocasión, aunque para aterrizajes de emergencia por el bando opuesto, caso del 23 de Julio, en que el He 45 con numeral 15-4, perteneciente al 6-G-15, y pilotado por el Capitán Ugarte que llevaba como tripulante al Teniente Willy Wakonigg, tuvo que tomar tierra en este aeródromo con un tiro desde tierra, en el depósito de gasolina…luego el aeródromo, pasó a la historia. Única fotografía (fotocopia de una fotografía), que envió Juan Olmos a José Orduña en el que aparece él junto a varios compañeros de escuadrilla. De pié, a la izquierda, Juan Comas.